Migrantes forzados a encadenar cuarentenas de hasta cuatro meses en El Hierro por la falta de espacios adecuados

Moussa y Moustapha llevan cuatro meses en El Hierro y acumulan ya once pruebas PCR. Los espacios precarios donde se ha alojado a los migrantes en la isla más pequeña de Canarias son un obstáculo para cumplir las medidas sanitarias para frenar la propagación de la COVID-19. Uno de ellos es un terrero de lucha canaria donde conviven al menos veinte personas durmiendo sobre camastros separados por apenas diez centímetros entre sí. En los momentos de mayor presión migratoria, distintos grupos llegados en embarcaciones diferentes convivieron en este campo de arena, prolongando los confinamientos de quienes llegaron primero. Algunos inmigrantes han encadenado cuarentenas durante meses y personas con un test negativo pasan semanas confinadas si uno de sus compañeros da positivo en la enfermedad. Así, a pesar de que la última patera que alcanzó El Hierro llegó el 3 de enero, el 13 de febrero la Consejería de Sanidad detectó un brote de COVID que afectó a 83 migrantes en la isla.

Los dos jóvenes senegaleses llegaron en noviembre al puerto de La Restinga. Ahora pasan los días en el Aula de Naturaleza de El Pinar, una antigua casa rural rodeada de pinos y aislada por completo de los núcleos de población del municipio. Las 54 personas acogidas en este recinto, gestionado por Cruz Roja, solo pueden salir a pasear por el bosque que lo bordea. Una valla automática en la entrada marca el punto del que no pueden pasar. Más allá del personal de la ONG y algún excursionista, nadie frecuenta el lugar. Cuando un rostro diferente se aproxima a la barrera, algunos jóvenes de Malí y Guinea Bissau no dudan en acercarse a pedir “comida y galletas” con un balón entre las manos. ”Quiero que me liberen de aquí”, dice Moussa.

A dos kilómetros de distancia, en un terrero de lucha canaria, el maliense Kane pasó un mes recluido. Con gestos, el pasado viernes expresaba que quería marcharse de allí. La única forma de ver el interior del recinto circular, también gestionado por Cruz Roja y custodiado por un guardia de seguridad, es a través de las cristaleras negras que lo bordean. Dentro se pueden observar al menos cincuenta camas plegables instaladas sobre el suelo de arena con una distancia mínima entre ellas. Algunas mantas finas cubren las lonas que hacen de colchones y la ropa de los chicos cuelga de la parte alta del campo de lucha reconvertido en un espacio de acogida. La Consejería de Sanidad del Gobierno autonómico es la autoridad responsable de habilitar espacios en condiciones para que los migrantes llegados a Canarias pasen las cuarentenas, según un protocolo de la Secretaría de Estado de Migraciones.

Fuentes de la dirección insular reconocen que en Navidad, cuando se registró una llegada de embarcaciones más intensa, el terrero se convirtió en una unidad de emergencia sanitaria a donde se derivaban a todas las personas que llegaran, aunque fuera en diferentes días. Dos meses después, los jóvenes observan la calle desde el cristal y algunos se sientan en las ventanas para coger aire o tender la ropa. Por la tarde, cuando la plaza anexa está vacía, salen para jugar al fútbol. Intentan de distintas formas comunicarse con el exterior, pero temen que eso les genere un problema. “¿Acaso no tenemos derecho a decir cómo nos sentimos?”, dice Kane. 

Preguntada por el tiempo que llevan en cuarentena las personas migrantes de El Hierro, la Consejería de Sanidad responde que “depende de cada caso y de la presión migratoria recibida en cada momento”. “A mayor presión migratoria, la eficacia de la sectorización es mucho menos efectiva. Tengamos en cuenta que hemos llegado a disponer de hasta cinco recursos residenciales, cedidos por el Cabildo, y solo uno de ellos estaba preparado como residencia”. Según Sanidad, las personas llegadas a la isla el 7 de noviembre son las que llevan más tiempo en aislamiento.

La llegada de 919 inmigrantes en cayucos y pateras entre octubre de 2020 y febrero de este año ha desafiado al territorio más occidental del Archipiélago. Pese a que su población censada es de 11.154 personas, residen en la isla todo el año unas 8.000, de las que un 60% tiene más de 65 años. La presión migratoria que ha sufrido El Hierro hizo que el Cabildo cediera al menos cuatro espacios a la acogida de personas.

Ninguno de los cayucos llegados a El Hierro en los últimos meses ha estado libre de virus. Por ello, según Sanidad, todas las personas que llegan en las embarcaciones son consideradas contactos estrechos. “Una vez valorada su situación sanitaria son remitidas a un recurso residencial con unas indicaciones para garantizar su adecuada sectorización y se les prescribe aislamiento”. 72 horas después, se les practica una prueba PCR.

Según Sanidad, inicialmente se separa a los integrantes de una patera del resto. Tras la PCR, se separa además a los positivos de los negativos. “En esta segunda sectorización comienza el plazo de aislamiento”. A los diez días de la primera prueba, se hace otra. Si todo el grupo da negativo, reciben todos el alta epidemiológica. Si hay algún positivo, se hace una nueva sectorización y se reiniciar los periodos de aislamiento para ambos grupos. Diez días después, otra PCR.

En las últimas semanas, el Cabildo de El Hierro ha dado un ultimátum al Gobierno central y también al regional. El presidente de la máxima corporación insular, Alpidio Armas (PSOE), ha amenazado con retirar los espacios públicos que ha cedido a la acogida de migrantes si no se reubica a los contagiados de COVID-19 en otras islas. Las advertencias de Armas comenzaron en enero, pero el detonante ha sido la inclusión de los migrantes positivos en coronavirus en las estadísticas oficiales de la Consejería de Sanidad.

“Nosotros hemos hecho nuestros deberes y no nos arrepentimos, porque el Cabildo no podía cerrar los ojos ante este drama, pero ahora Sanidad en base a unos criterios que no compartimos ha colocado a la isla como el territorio con más contagios. […] Nuestro tiempo de espera y receptividad tiene un límite”, criticó el socialista. Por su parte, Sanidad ha resaltado que en el resto de la comunidad autónoma también se incluye a los migrantes entre los casos activos de COVID-19. 

Según los últimos datos del Gobierno de Canarias, publicados este lunes, El Hierro cuenta con 20 casos activos de coronavirus. De ellos, solo dos se corresponden con población herreña. A pesar de que los migrantes positivos no están en Valverde, la estadística ubica en el municipio a 19 de los contagiados. Según Sanidad, “la mayoría de los casos se han contabilizado en la capital porque es donde se notifican los casos y donde se siguen”. “Esta circunstancia no ha afectado al seguimiento de los brotes, cuya trazabilidad es del 100% en la isla según los datos proporcionados por la Dirección General de Salud Pública”, apuntan desde Sanidad.

Ante los avisos del Cabildo, la Dirección Insular ha agilizado las derivaciones a Tenerife. “Siempre que se autoriza un traslado es porque la persona ha dado negativo en el virus”, asevera el director insular, José Carlos Hernández. Hasta ahora siguen en El Hierro 64 migrantes. Las últimas derivaciones se produjeron el pasado domingo, cuando 42 personas viajaron desde el Puerto de La Estaca hasta Los Cristianos. El 18 de febrero, otro barco con 72 personas llegó a Tenerife desde El Hierro, lo que permitió que el polideportivo habilitado en Valverde, la capital, se vaciara. El centro deportivo había hacinado hasta a 190 personas bajo un techo con goteras. En la isla, ya no queda ninguna mujer migrante. En esta línea, Sanidad subraya que todas las que han llegado embarazadas han sido valoradas por el servicio de ginecología obstetricia y los menores han sido supervisados por pediatría.

Según los datos ofrecidos por la Consejería de Sanidad a Canarias Ahora este lunes, en el Aula de la Naturaleza había hasta esta semana 54 personas, de los que once son positivos. Los contagiados han sido trasladados al albergue del Ayuntamiento de Frontera, y los 43 restantes, considerados contactos estrechos, permanecerán en el centro.

Otro de los espacios que continúa en funcionamiento es el Centro de Día, en Valverde, donde permanecen 64 menores separados en dos cohortes: 38 en situación de alta epidemiológica y 26 a los que se hizo cribado. Entre ellos se detectaron dos positivos, “que hay que separar de los otros 24, considerados contactos estrechos”, apunta Sanidad.

Según el área que dirige Blas Trujillo, en el campo de lucha ya no queda nadie. En el último cribado todos dieron negativo y han sido trasladados a Tenerife con alta médica. “La instalación será devuelta al Cabildo”, apuntan.

El director insular de El Hierro, José Carlos Hernández, insiste en que los recursos de los que dispone la isla son limitados. “En algunos momentos ha habido 460 migrantes aquí. Es casi un 6% de la población total que vive en la isla”, cuenta. Además, insiste en que la pandemia ha agravado la gestión. “No ha llegado ninguna embarcación sin ningún positivo. Nos habría encantado poder darles una habitación a cada uno, pero los recursos son los que son”. Tal y como adelantó El País, se ha mezclado a mujeres, hombres, niños, positivos y negativos llegados en distintas embarcaciones.

La historia de El Hierro está marcada por la emigración clandestina hacia América del Sur. Las largas sequías y la limitación de tierras de cultivo forzaron a centenares de herreños a partir a Cuba, Argentina y, principalmente, a Venezuela en barcos de vela. Es el caso de Adela, una vecina de El Pinar que frecuenta las proximidades del terrero de lucha porque va a recoger a su nieta al colegio.

Pese a su pasado migrante, rechaza la llegada de africanos a la isla. “Se quejan de que tienen frío. Pues, ¿por qué vienen en esta época?”, critica. Por el contrario, para otros vecinos y vecinas la convivencia con personas migrantes no supone un problema. ‘’No los vemos. No salen de los centros donde están. Nosotros nos enteramos de que están aquí por las noticias o porque vemos una guagua por la noche correr hacia el puerto a recogerlos”, cuenta la dueña de una librería. 

El deseo de llegar a Tenerife es compartido entre todos los migrantes que siguen en El Hierro. Sin embargo, los que han llegado ya a la isla se han encontrado con un campamento en mitad de la nada donde conviven más de 600 personas. Entre ellos está Baba, un hombre de 32 años nacido en Mauritania que lleva una semana durmiendo al raso frente al campamento de Las Raíces, gestionado por la ONG Accem, para protestar contra el bloqueo de personas en Canarias. “Solo hay dos opciones, que nos deporten o que nos dejen ir a la Península, pero no podemos seguir más tiempo así sin hacer nada. Solo nos dejan dormir y comer”.

Mohamed, un hombre de Marruecos licenciado en Biología, asegura que la protesta seguirá hasta que haya una solución. “Cada vez que hablamos con alguien de la organización del campamento nos dicen que esperemos a mañana. Pero no tenemos más paciencia’’, cuenta. El biólogo relata que el agua de la ducha en el campamento está fría, que la comida es poca y que hay muchos nervios por la falta de respuestas. “Los animales están mejor que nosotros”. Pero más allá de eso, confiesa que no quiere comida, ni ropa, ni caridad, sino ‘’libertad y trabajar”. 

Baba llegó hace tres meses a las Islas en un cayuco con 50 personas. Su grupo se topó por casualidad con El Hierro en un intento de alcanzar la isla capitalina, pero la embarcación se quedó sin combustible tras cuatro días en el océano. Recuerda Valverde y El Pinar como “lugares bonitos”, pero donde las condiciones para ellos “no eran buenas”. “¿De qué servía que nos hicieran test y nos pusieran en cuarentena si después llegaban otras personas y estábamos todos juntos?”.

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