Octubre de 2000. Teherán. Aún no se me ha olvidado la jugarreta que nos hicieron los iraníes cuando mis compañeros propusieron que fuera yo quien formulase las preguntas al entonces presidente iraní, Mohamed Jatamí, en la conferencia que compartió con José María Aznar. Jatamí era un tipo encantador que un lustro después sería defenestrado por el tiránico líder Supremo, Alí Jamenei, cuando le dio por pisar el acelerador del aperturismo. Pero detrás de la amabilidad de él y todo su equipo se escondía el Irán de siempre desde que los ayatolás tomaron al asalto el poder en 1979: machismo, autoritarismo y trampas a todas horas para presentar a su régimen como lo que no era. Que no eran unos demócratas lo certificamos pronto cuando la traductora presidencial nos comentó educadamente, como quien no quiere la cosa, con una sonrisa por bandera, si les podíamos adelantar las cuestiones que íbamos a plantear a Jatamí. De buena fe, accedimos, aunque a posteriori certificamos que habíamos sido unos pardillos. Se nos quedó cara de gilipollas cuando la funcionaria iraní cambiaba el sentido y, obviamente, la literalidad de nuestros interrogantes. Yo preguntaba, ella preguntaba lo que le salía literalmente de las narices, todo comme il faut.

Parecida sensación se me quedó cuando comprobé que el Gobierno de España hacía algo parecido al inicio de la pandemia, durante esos Aló Presidente que terminaron por convertirse en una mezcla de propaganda bananera y coñazo televisivo. El tal Oliver, secretario de Estado de Comunicación de Pedro Sánchez, no filtraba las preguntas, simplemente decidía quién podía preguntar al presidente y quién no. Lo mismo que en Irán pero en versión sutil. Fue el primer tic fascistoide de un Ejecutivo, el de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que de marzo a esta parte ha acelerado la venezolanización de la sociedad española. Por cierto: Venezuela e Irán son las dos caras de la misma moneda, regímenes dictatoriales hermanados por su pasión por el mal y cuyo común embajador en España es el vicedelincuente Iglesias.

Que mis palabras no son una hipérbole lo voy a demostrar en los 10 puntos que vienen a continuación. Puntos que describen nítidamente un cambio de régimen que ha adquirido velocidades supersónicas en ocho meses. Las revoluciones no se consuman lentamente, se hacen a toda leche, básicamente, para dejar sin capacidad de respuesta a los defensores de la legalidad vigente, que en nuestro caso está basada en una Constitución respaldada por casi el 90% de las personas que participaron en el referéndum de 1978.

No sé cómo concluirá todo esto, más que nada porque no soy pitoniso y la España constitucional es mucha España constitucional, pero sí tengo meridianamente claro que de momento vamos por mal camino. La gran duda es si el Estado de Derecho, es decir, los jueces, y Bruselas, esto es, la Unión Europea, serán capaces de poner coto a este liberticidio. Si no fuera así, que Dios nos pille confesados. Ahí van las 10 obviedades que deberían poner los pelos como escarpias a cualquier español de bien, a los demócratas de pro, sean socialistas, populares, de Ciudadanos, de Vox o incluso de esa Izquierda Unida cuyo germen, el PCE, tan importante fue en la consolidación de la Transición.

 

1.-Adiós a la libertad de expresión. Para ver por dónde van los tiros con esta gentuza no hay más que fijarse en los intentos de amordazar a los medios que están llevando a cabo. No se cortan un pelo. La selección de las preguntas en las ruedas de prensa monclovitas, el peinado de las redes sociales en busca de “desafectos al Gobierno” que confesó el general Santiago de la Guardia Civil y ahora el Ministerio de la Verdad que dirigirá ese Rasputín de tres al cuarto que es Iván Redondo nada tienen que envidiar a los movimientos iniciales de Hugo Chávez para demonizar a los medios críticos y fomentar a los pelotas. De momento, aquí no han cerrado ninguno, como a la larga pasó finalmente allí, pero a este paso todo se andará. No los chaparán a las bravas como hace Maduro, no, serán más finos, los aniquilarán tachándolos de mentirosos urbi et orbi y hundirán su reputación.

2.-Pensamiento único. Allá y acá, acá y allá, se persigue al disidente. Allá se le mata físicamente o se le encarcela, acá se le asesina civilmente, aunque he de recordar que tanto Pablo Iglesias como su machista señora, la Preysler de Galapagar, pidieron en marzo “la cárcel» para un servidor. Allá manifestarte de derechas, liberal o creer en el capitalismo es un salvoconducto para ser perseguido por tierra, mar y aire. Acá estás demonizado de por vida si osas creer en la economía de libre mercado, si defiendes la propiedad privada, si abanderas la libertad de enseñanza, si llamas “asesinos” a los etarras y sus satélites, si denuncias la corrupción podemita, si llamas golpe de Estado al 1-O o si criticas la dictadura lingüística y educativa en Cataluña.

3.-Control de los medios. Una de las características de cualquier régimen autocrático modelo Putin o Erdogan o directamente dictatorial tipo Chávez, Castro/Díaz-Canel u Ortega es la sumisión de los medios de comunicación. Por las buenas o por las malas para garantizar ese pensamiento único del que hablábamos en el epígrafe anterior. Aquí aún podemos decir lo que nos da la gana pero cada día es más difícil. Por no hablar del control de televisiones, radios y periódicos privados. El Gobierno socialcomunista tiene en primer tiempo de saludo al 80% de medios y periodistas, una barbaridad permitida, consumada y alentada por un Mariano Rajoy que con el paso del tiempo se está destapando como el gran culpable por omisión de todo lo que está sucediendo.

4.-El terrorismo mola. El Departamento de Estado de EEUU acusa a la Administración bolivariana de Venezuela de complicidad con el terrorismo y de traficar con drogas. El poderoso Clan de los Soles, el gran cártel venezolano de la coca y la heroína, lo dirige el número 2 de la dictadura, Diosdado Cabello. Que les gusta un terrorista más que a un tonto un lápiz lo demuestra el hecho de que dan cobijo a cientos de miembros de bandas colombianas o que allí pululan como Pedro por su casa al menos 15 asesinos etarras huidos de la Justicia española. Sin ir más lejos, la simpar Delcy Rodríguez es hija de un terrorista local que tuvo secuestrado a un ciudadano estadounidense tres años largos. Nuestro Gobierno no le va a la zaga: pactó la moción de censura con Bildu, en la investidura volvió a hacer lo propio con el partido dirigido por el ex jefe de ETA Arnaldo Otegi y ahora ya ni disimulan con la abstención, directamente acuerdan el “sí” con el brazo político de los terroristas a los Presupuestos. Eso cuando no llaman “maravillosas personas” a unos bilduetarras que siguen haciendo homenajes a multiasesinos y que continúan negándose a condenar a la banda o cuando no muestran su “lamento” por el suicidio de un preso  etarra. Las excarcelaciones masivas de terroristas y la concesión de beneficios penitenciarios son la refinitiva demostración de que a nuestros gobernantes les importa más un belcebú como Txapote que un héroe de la democracia como Ortega Lara.

5.-Acabar con la propiedad privada. Una de las características de la narcodictadura de Hugo Chávez y de la del mucho más simple Nicolás Maduro es su aversión a la propiedad privada… de los demás. El tan célebre como aterrador “¡Exprópiese!” que se ve en los vídeos de Chávez que circulan por la red es el epítome de una satrapía que obligó a miles de venezolanos a irse con lo puesto dejando atrás unas propiedades que, como no podía ser de otra manera, acabaron tras la consiguiente piñata en manos de militares o dirigentes bolivarianos. Las okupaciones indiscriminadas de casas en nuestro país, donde tiene más derechos el delincuente que el legítimo propietario, el topaje de los alquileres y las leyes antidesahucios que quieren imponer Podemos, Bildu y ERC son las pruebas del algodón de que vamos por mal camino. Cuando la solución a los desorbitadas precios inmobiliarios pasa, como bien supo ver y atajar Leguina cuando presidía la Comunidad de Madrid, por construir vivienda pública a mansalva. Una forma de enfocar el problema que garantiza el techo a los más desfavorecidos y, encima, mueve una economía, la española, en la que la construcción es uno de los grandes motores.

6.-Proceso constituyente. Lo primero que hizo el narcoterrorista Hugo Chávez fue poner en marcha un cambio de Constitución para hacer legal lo que era a todas luces inmoral y antidemocrático. Se cargó de facto la Asamblea Nacional, la sometió y robó las elecciones sistemáticamente. Así esta chusma lleva en el machito 22 años, los mismos que han pasado desde la victoria electoral de 1998, que fue el germen del fin de la democracia del antaño país más próspero y homologable en términos democráticos de toda Sudamérica. Al ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, se le escapó hace bien poco el concepto “proceso constituyente” en un Pleno del Congreso de los Diputados. A eso vamos, incluido el defenestramiento lento y silencioso de una monarquía a la que le quedan 20 años como estos basurescos políticos continúen en el poder.

7.-Dictadura educativa. El que controla la Educación, controla el futuro. No hay sátrapa que no tenga eso claro. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez por qué ahora hay el doble de independentistas en Cataluña que hace 40 años? ¿Por las “políticas del PP”, como mantiene algún giliperiodista? ¿Tal vez porque llevan desde 1980 lavando el cerebro en las aulas a unos jóvenes catalanes a los que se enseña a odiar a España? La respuesta es tan obvia que me la ahorro. Franco lo tuvo muy claro, el delincuente de Jordi Pujol empleó esta táctica para cambiar la mentalidad de la sociedad per sécula seculórum y no es ningún secreto lo que se hace en las escuelas venezolanas con unos niños a los que se enseña que el comunismo es el paraíso y las democracias liberales el averno en estado puro. La nueva Ley Educativa, más conocida como Ley Celaá, apuesta por cargarse una Educación concertada que no controlan, que va por libre y que educa cristianamente o en tolerancia —en un caso y en otro el Gobierno no tiene el control—. Por si fuera poco, pretende igualar a los alumnos por abajo, de tal manera que pasar de curso con suspensos será lo más normal del mundo. Objetivo: crear una sociedad de obedientes descerebrados. Y, en el colmo de los colmos, se carga el español como lengua vehicular en Cataluña, un paso más en la destrucción de la unidad de España para que allí sigan mandando sus socios golpistas. Del pavor pasamos al terror si recordamos que Isabel Celaá soltó una frase que sería para tomarse a risa si no fuera porque es para llorar viniendo de quien viene: “Los hijos no son de los padres”. Igualico que la Cuba castrista o la Venezuela chavista, que rapta intelectualmente a los niños para que piensen de manera uniforme.

8.-Sociedad subsidiada. Más preguntas de perogrullesca respuesta: ¿por qué el PSOE gobernó Andalucía durante 39 años? ¿Por lo bien que gestionaron una comunidad líder en paro o porque crearon un régimen clientelar con los PER que no era sino la pura y dura compra del voto? Tampoco son precisas mayores aclaraciones. Un país rico en subsidios es sistemáticamente un país pobre en el que se convierte en súbditos a unos ciudadanos a los que les resulta más cómodo quedarse en casa que trabajar. Consecuencia: te votarán siempre por la cuenta que les trae. Caciquismo versión 3.0. Venezuela tiene a 10 millones de ciudadanos en esta situación, lo cual, además de los preceptivos pucherazos, ha garantizado la longevidad de la tiranía. Sociedad subsidiada=sociedad anestesiada.

9.-Nacionalizaciones. Uno de los ejes de actuación del chavismo fue la destrucción del libre mercado y las nacionalizaciones. Aquí es donde, de momento, van más retrasados. Y donde no creo que puedan triunfar. Pero cuidadín porque el vicepresidente segundo del Gobierno es partidario de eliminar las empresas privadas. Lo ha repetido hasta la saciedad. Pablo Iglesias podrá ser un indeseable, un delincuente, que lo es, pero no miente cuando habla de su modelo de sociedad. Propugna nacionalizar las eléctricas, los bancos y toda aquella empresa a la que tilde de “estratégica”. En Venezuela nos llevan muchos kilómetros de distancia y seguramente es donde menos progresos ha hecho este Gobierno del Mal que es el que copresiden Sánchez e Iglesias. Mientras estén en el Gobierno gente como Calviño, Escrivá o Montero podemos respirar tranquilos. Pero Podemos, ERC y Bildu tienen claro que hay que nacionalizar sí o sí.

10.-Golpe de Estado judicial. Hugo Chávez era un asesino, un ladrón y un tirano y los jueces, obviamente, le incomodaban. Odiaba esa división de poderes consagrada por Montesquieu. Y se puso manos a la obra para desmantelarla. Le costó seis años pero lo logró. En 2005 consiguió someter al Tribunal Supremo y desde entonces tuvo barra libre para matar, encarcelar y robar como si no hubiera un mañana. Lo mismo que su autobusero sucesor. La reforma del sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial es prácticamente calcadita de la venezolana, donde se requiere de mayoría reforzada en las dos primeras votaciones para elegir a los magistrados del Tribunal Supremo, requisito que se reduce a mayoría simple en la tercera. Aquí, el Gobierno socialcomunista pretende cambiar la Ley Orgánica del Poder Judicial para que baste la mayoría absoluta de la que goza en estos momentos de la mano de golpistas y proetarras y no los tres quintos de las Cámaras que establece la Carta Magna. En fin, una inconstitucionalidad como otra cualquiera, por no decir un golpe de Estado con todas las letras. La gota que colma el vaso es el anteproyecto de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que pretende situar al frente de las instrucciones penales a los fiscales, dejando a los jueces reducidos a la condición de meras comparsas. Vamos, que será la fiscal o el fiscal general quién resuelva qué es delito y qué no, a quién se investiga y a quién no. Igualito que en esa Venezuela en la que ningún magistrado osa tocar un pelo a un jerarca chavista, todo lo contrario que acontece con una oposición que suma en estos momentos más de 300 presos políticos. Otro acongojante paralelismo: el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, es el ex gobernador de uno de los 23 estados —lo que en España serían las comunidades autónomas— que conforman Venezuela. Íntimo de Chávez, fue su abogado personal y más tarde diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que ahora dirige Nicolás Maduro. Aquí no andamos muy lejos: la jefa del ministerio público, Dolores Delgado, es una ex ministra de Pedro Sánchez que en un caso de puertón giratorio de manual pasó de ser titular de Justicia a fiscal general.

 

Creo que no verán un atisbo de exageración en quienes creemos que nos la están metiendo doblada sin que nos enteremos por culpa de una pandemia que ocupa la mayoría de los titulares y unos medios entregados al socialcomunismo en una proporción de 5 a 1. En Venezuela pensaban lo mismo que aquí no hace tanto: “El comunismo y la tiranía no llegará jamás, nuestra democracia está muy asentada”. Y pasó lo que pasó. Cuando piensas que no va a ocurrir nada, acaba ocurriendo todo. Continúo pensando que la sangre no llegará al río, aunque cada día que pasa estoy menos seguro de ello. Aquí nos aferramos a la solidez de nuestras instituciones y a una Europa que no permitiría una Venezuela en el seno de la Unión. Pero nuestras instituciones no son tan fuertes ni tan independientes como hace una década y la UE no es ni la sombra de lo que fue, un potente entramado que nació con la intención de hacer frente económicamente a los Estados Unidos y políticamente a la Unión Soviética. Con este incontrovertible relato de hechos sólo pretendo que se hagan una pregunta: “¿Hay motivos para preocuparse y para rebelarse?”. La respuesta es de cajón. Al menos, para mí. Porque no estamos hablando de opiniones sino de hechos.

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