Fernando Simón vive la crisis sanitaria de polémica en polémica. La última, la petición de dimisión de varias organizaciones médicas por «su incapacidad manifiesta y prolongada durante la evolución de la pandemia», y por unas declaraciones en las que cuestionaba el comportamiento de los profesionales sanitarios «cuando están fuera del trabajo» en la prevención del Covid. Simón se resiste a dimitir. Sus planes de futuro están condicionados a la evolución de la pandemia, pero lejos de la visibilidad pública de los últimos meses. El portavoz del Gobierno para el coronavirus sueña con planes variopintos, como volver a África, donde trabajó como médico en los noventa. O ponerse al frente de un centro de salud pública en España.

Así lo confesó el director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias hace unas semanas, en una entrevista en Youtube que saltó a los titulares por otra respuesta: «Fernando, no nos ha quedado muy claro si te gustaban las enfermedades infecciosas o las enfermeras infecciosas», pregunta uno de los entrevistadores (los hermanos escaladores Iker y Eneko Pou). A lo que Simón respondía: «No les preguntaba (a las enfermeras) si eran infecciosas o no, eso se veía unos días después». Las declaraciones provocaron el enfado del Consejo General de la Enfermería por «sexistas y denigrantes».

Fernando Simón descubría entonces que su futuro estaría lejos de la portavocía sanitaria, pero igualmente vinculada a cuestiones sanitarias y epidemiológicas: regresar a África «a hacer cooperación y apoyar a otras culturas», desarrollar áreas de investigación o desarrollar un centro de salud pública.

No vio venir la crisis

El jefe de las alertas del Ministerio de Sanidad ha sido cuestionado por su incapacidad para prever la crisis sanitaria y por rechazar medidas que finalmente acabarían implantándose, como el uso de las mascarillas. En enero, por ejemplo, Simón aseguraba que «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». Por entonces, la pandemia ya empezaba a propagarse por el país, como luego se demostró.

Ante las marchas ideológicas del Día de la Mujer, Simón ignoró la gravedad de la pandemia, ya desbordada. «Si mi hijo me pregunta si puede ir le diré que haga lo que quiera», afirmó, en plena expansión del coronavirus.

Este verano, ya con los brotes descontrolados y el Gobierno haciendo oídos sordos a la petición de soluciones por parte de las comunidades autónomas, aseveró: «Si esto es una segunda ola, desde luego no lo parece».

«No voy a bajarme del barco»

Simón, además, rechazó el uso de la mascarilla, llegando a afirmar que «no tiene ningún sentido que la usen individuos sanos». Tampoco se mostró partidario de los test de antígenos, que la Comunidad de Madrid realiza desde hace meses en su exitosa estrategia de contención del virus. La UE recomendó esta semana su uso y el propio Ministerio de Sanidad cedió ante las exigencias de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, de hacerlos en las farmacias.

Pese a las peticiones de cese, Fernando Simón se resiste a dimitir. «No voy a bajarme del barco y dejarlo vacío», aseveró esta semana. Incluso añadió que su puesto «no es ningún regalo» porque «se lleva uno todas las responsabilidades y sinsabores».

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