Como en algo se tenía que notar, y no iba a ser en el negociado sanitario, que el ministro Illa es licenciado en filosofía, el otro día justificó el confinamiento de Madrid apelando al «alma» del Gobierno. Un abstracto concepto a medias entre el alma colectiva de Le Bon y el «agente moral» del que hablaba Foucault en su «Genealogía del sujeto»; una condición humanística de la responsabilidad weberiana que según Illa habita en unos ministerios donde la mayoría sólo vemos rutinas burocráticas, dirigentes ineptos, ambición de poder y proyectos de ley más o menos chapuceros. Lo malo es que al filósofo que lleva dentro le salió un decreto tan mal hecho que los tribunales se lo revocaron al primer… Ver Más

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