El control de la epidemia del coronavirus en China no significa que el peligro haya pasado. Tras la reapertura de su epicentro en Wuhan y la progresiva vuelta a la normalidad en todo el país, la amenaza de nuevos brotes es más peligrosa que nunca. Así ocurre en la ciudad de Harbin, al norte del país y capital de la provincia de Heilongjiang, que linda con Rusia. A pesar del cierre la semana pasada de la frontera terrestre, una de las más largas del mundo con 4.300 kilómetros, el regreso por avión de ciudadanos chinos que viven o trabajan en el país vecino está trayendo una segunda oleada del coronavirus. Como muchos vienen infectados de Rusia, Heilongjiang cuenta ya con más de 500 casos confirmados, de los que 384 eran importados a tenor de los datos difundidos el miércoles por la Comisión Nacional de Salud.

Ese día, además, las autoridades informaron de siete nuevos contagios locales en China, todos ellos en Heilongjiang, lo que indica que el virus está circulando de nuevo por esta provincia. En Harbin han surgido dos focos ligados a hospitales, obligando a las autoridades a reforzar los controles en esta ciudad de diez millones de habitantes. Tal y como informa la Prensa local, ambos están ligados a un “supercontagiador”, un hombre de 87 años apellidado Chen que, al parecer, habría infectado a 78 personas. Algunos de ellos son familiares y amigos con los que celebró una cena en casa de su hijo a finales de marzo y otros son sanitarios y pacientes de los dos hospitales a los que acudió desde el 2 de abril, tras sufrir un infarto. De todos ellos, más de una veintena habían dado positivo en la prueba del coronavirus, pero no presentaban todavía síntomas.

Desde ese foco, el virus se habría desplazado hasta la vecina provincia de Liaoning, donde, según la agencia Reuters, el día 16 se le diagnosticó a una persona cuyo padre había estado en el mismo hospital que el “supercontagiador”. Y, el lunes, se detectó en la región de Mongolia Interior otro caso positivo que también había estado en dicho hospital con los pacientes anteriores.

De igual modo, otros medios informan de los contagios provocados por una universitaria apellidada Han, que en marzo había vuelto de Nueva York, donde cursaba un Master, y había infectado a uno de sus vecinos pese a ponerse en cuarentena en su casa.

Como esta rápida propagación vuelve a demostrar el altísimo peligro del coronavirus, las autoridades han reforzado los controles en Harbin, prohibiendo las reuniones y la entrada en zonas residenciales de personas y coches de fuera de la ciudad. Cualquier residente que llegue del extranjero o de algún foco del coronavirus en China, como la provincia de Hubei y la ciudad de Wuhan, debe hacerse la prueba de la enfermedad Covid-19 y de los anticuerpos y guardar una cuarentena de 28 días. Además, serán confinados en sus casas los vecinos de los edificios donde se encuentren casos confirmados o asintomáticos. En el resto, para entrar y salir se tomará la temperatura y habrá que presentar el código QR en verde que, a través de una aplicación en el móvil, registra el historial clínico, los movimientos y contactos. Como en toda China, las mascarillas son obligatorias.

En Harbin hay ya más de 50 casos confirmados y, en resto de la provincia de Heilongjiang, unas 1.400 personas en observación, lo que ha hecho saltar todas las alarmas para que no se repita la tragedia de Wuhan. Con el fin de que no se extienda de nuevo la epidemia, los estudiantes de Heilongjiang no pueden regresar de momento a sus universidades en otras provincias y la ciudad de Suifenhe, fronteriza con Rusia, ha sido cerrada y ha habilitado dos hospitales de emergencia para quienes han vuelto de ese país. Además de recomendar a la gente que se quede en sus casas, las autoridades ofrecen recompensas a quien ayude a detener a quienes cruzan ilegalmente la frontera.

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